Mes: octubre 2016

¡Arriba!

¡Arriba!

Nos levantamos con todas las pilas, como cada mañana y fuimos a desayunar. Ese día nos tocaba Busch Gardens, un parque con las mejores montañas rusas, así que las chicas estaban llenas de energía y super excitadas. Bueno, no todas. Porque desde la otra punta, caminando despacio, casi arrastrando los pies, se me acercó Lara y me dijo:

—Yo no voy a ningún parque, me quedo acá.

Le pregunté qué le pasaba y le recordé que íbamos a Busch Gardens, ese parque increíble que todas tanto esperan, en el que…

Lara ni me dejó terminar —No me importa, no voy, me siento mal.

Después de 26 años, puedo tomarme el atrevimiento de decir que sé lo que les pasa a las chicas con sólo mirarlas. Con ese mal humor, lo único que tenía Lara era sueño.

—Bueno, si te sentís mal, llamamos al médico —le dije.
—Ok, llamalo.

Así que todo el grupo se fue a Busch Gardens mientras Lara, Guido y yo nos quedamos esperando al médico.

—Igual, aunque el médico diga que no tengo nada, si no quiero ir no voy —me dijo —ya tengo 15 años y puedo decidir.

El mal humor de Lara me hacía acordar cuando yo era chica y tenía que levantarme temprano para ir a la escuela. La entendía perfectamente, pero obviamente Busch Gardens no era la escuela, así que yo no podía permitir que se lo perdiera. Ya había una chica que se iba a quedar en el hotel con una de las coordinadoras porque estaba con unas líneas de fiebre, así que era fácil dejarla a ella también y listo. Pero ese no era el caso. Aunque en ese momento Lara no pudiera verlo de ese modo, yo sabía que si ella se quedaba, después de dormir un rato, y ya sin sueño, se iba a enojar con ella misma por no estar pasándola increíble con todas sus amigas.

— Justamente porque tenés 15 años, nosotros vamos a decidir lo mejor para vos. Si el médico dice que te tenés que quedar, nos quedamos. Pero si dice que estás bien, nos subimos los tres al micro que nos está esperando afuera y te vas a pasar un día increíble arriba de las montañas rusas.

Vino el médico revisó a Lara, nos dijo que estaba perfecta de salud y nos subimos los tres al micro.
El viaje duró una hora y media. Lara se sentó con los brazos cruzados, mirando por la ventana y, por supuesto, sin dirigirme la palabra. Después, se quedó dormida.
Antes de bajar le dije:

—Cuando volvamos al hotel quiero que vengas y me digas cómo la pasaste.

Vivimos un día espectacular y obviamente la vi a Lara arriba de cada montaña rusa feliz con todas sus amigas.

Cuando llegamos al hotel, las chicas se fueron a sus habitaciones a bañarse y a descansar. Yo estaba en uno de los pasillos conversando con los coordinadores cuando de pronto sentí algo de atrás que se abrojó a mi cintura y me dijo: “Gracias, gracias, gracias…”

Así como ocurre en casa, durante los 15 días de viaje hay decisiones que las chicas pueden tomar y otras que las tomamos los adultos, porque sabemos lo que es mejor para ellas. Y eso es lo que deja a las familias tranquilas, saber que hay un grupo de profesionales acompañando a cada una de las chicas para que su experiencia sea la mejor. A veces hay situaciones que tienen que ver con su seguridad, otras con el entretenimiento o con las relaciones de amigas. Pero en todos los casos, tratamos de ponernos en el lugar de los padres y hacer que las chicas estén, ante todo, bien cuidadas y contentas. Aunque para eso, en ocasiones, tengamos que contradecirlas. Porque lo más importante para nosotros es ver esas sonrisas que tan felices nos hacen a todos.

 

¡Feliz Día de la Madre!

Remeras, camisas, polleras, pantalones, shorts, pantaloncitos, remeritas y shortcitos. La valija estaba lista para ir a Ezeiza y acompañar a las chicas a cumplir su sueño. Y mis dos hijos, de 8 y 4 años, también. FunTime nació cuando Ezi y Guido eran chicos, después vino Mati, mi tercer hijo. Así que, durante los primeros años, a veces juntos, otras por turnos, ellos viajaban conmigo. Porque, así como lo hago hoy, yo viajaba durante 15 días, tres veces por año. Era difícil pensar en estar todo ese tiempo lejos de los chicos y para ellos venir era lo mejor: Disney y varios tíos postizos que los malcriaban. Después, cuando fueron creciendo, cada uno empezó con sus cosas y yo empecé a viajar sola. Los seguía extrañando, claro. Pero el hecho de que ya fueran más grandes y recibir todo el cariño de las chicas, lo hacían todo mucho más fácil. Y lo sigue haciendo, porque durante 15 días, yo tomo a sus hijas un poquito prestadas y las cuido, las aconsejo y las mimo como si fueran propias.

Mis hijos crecieron con FunTime y hoy tengo la suerte de compartir mi trabajo con uno de ellos, Guido, el Productor General, con el que sigo viajando. Las mamás sabemos que no siempre es fácil trabajar, sea fuera o dentro de casa y poder estar todo el tiempo que nos gustaría con nuestros hijos. Pero siempre terminamos haciendo esos malabares que parecen imposibles y estirando el tiempo mágicamente para poder hacerlo y disfrutarlos.

Quiero desearles a todas las madres que tengan un día hermoso, lleno de besos y abrazos, y que siempre sigan encontrando esos momentos de felicidad para estar con sus hijos. ¡Porque solo nosotras sabemos que para entender lo que se siente ser mamá hay que vivirlo!
¡Besos para todas!
 Lily.
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El deseo de las chicas

El deseo de las chicas

Maquillajes, peinados, vestidos, zapatos, nervios y por sobre todo mucha alegría y emoción. Estábamos todas entusiasmadísimas preparándonos para la fiesta de 15 en el Hilton, cuando escuché “Lilyyyy”.  Un “Lilyyy” que, a diferencia de los cientos que había escuchado en el día, este provenía de alguien mayor de 15 años.

Era Andrea, una de las supervisoras, que caminaba junto a Lucila, una de las chicas que no paraba de llorar.

—¿Qué pasó? —pregunté.
—Esto me pasó, mirá —me contestó Lucila mientras me mostraba el vestido.

Lo recorrí con la mirada. De arriba a abajo, de izquierda a derecha, intentando encontrar alguna mancha o un agujero, incluso le pedí a Lucila que diera una vuelta, pero nada. El vestido, intacto.

—¿Una de las chicas tiene uno igual? ¿es eso? ¿te lo copiaron? —le pregunté
—no te preocupes, cada una lo luce de una manera diferentes, además…                                     —¿A vos te parece que alguien puede tener un vestido igual a este? —gritó Lucila —¡es horrible!
—¿Pero por qué lo trajiste si no te gusta?
—Mi mamá quiere que me lo ponga, me dijo que era su sueño verme con este vestido, pero es un asco, pareciera que me vestí para la fiesta de disfraces.

Andrea me miraba y movía los labios: “A mí me encanta“. Y a mí también me encantaba, pero a Lucila no, así que había que resolver el tema, porque ninguna de las chicas puede vivir triste su fiesta de 15 y menos por un vestido.

—Vamos a hacer una cosa – le dije —¿vos trajiste otro vestido?
—Me compré uno re lindo en el shopping.
—Bueno, perfecto, vení conmigo.

Fui con Lucila dónde estaban los fotógrafos.

—Joni, vení necesito que me hagas un favor, sacale diez, quince fotos a Lucila y subilas a Facebook para que las vea su mamá.
—Y vos Lu, tratá de hacer un esfuerzo y poné tu mejor cara de alegría. Hacé de cuenta que estamos en la fiesta de disfraces y que te vas a ganar el premio al mejor disfraz.

Lucila sonrió.

—¿Ves? así, esa carita quiero. Después andá a la habitación, ponete ese vestido divino que te compraste y disfrutá de tu noche con todas tus amigas.

Lucila se fue con Joni. Andrea y yo caminamos juntas hacia el salón para ver los últimos detalles.

—¿Y le vamos a mentir a la mamá? —Me preguntó Andrea, medio horrorizada.
—No le vamos a mentir, a la vuelta le vamos a contar todo. Pero yo estoy segura de que va a estar mucho más contenta cuando sepa que ayudamos a su hija para que pase su fiesta feliz, en vez de que si la obligamos a dejarse ese vestido y se pasa toda la noche llorando.

Me fui a ver cómo andaban las chicas con sus preparativos, y me quedé con una sensación linda. No la pude racionalizar enseguida. Como cuando uno siente algo y no sabe bien por qué. Pero más tarde, durante la fiesta viendo la energía y la emoción de las chicas, pude ponerlo en palabras y se lo comenté a Andrea:
“Es increíble lo que los padres hacen por sus hijas, al priorizar lo que ellas realmente quieren para sus 15 y no lo que ellos quizás soñaron.”
Todos en FunTime coincidimos en que hay algo que hace que esta experiencia sea única: el viaje está pensado, diseñado y coordinado sólo y exclusivamente para las chicas. Pero para que esto sea posible tenemos que escucharlas en todo momento. Sus gustos, sus temores, sus vivencias, sus alegrías fueron cambiando durante los 26 años que venimos haciendo FunTime. Estar siempre atentos nos enriquece. Antes era frecuente escuchar a las chicas decir que la fiesta era más un deseo de los padres que de ellas. No les interesaba festejar sus 15 con la comida que elegían pensando en los invitados, ni sacarse fotos en cada una de las veinticinco mesas con gente que ni conocían, ni pasarse veinte minutos bailando el vals con un desfile de parientes y amigos de los padres. Hoy las chicas de 15 son más maduras y desean ser escuchadas. Por eso veo que la elección de festejar con FunTime es una decisión consensuada entre chicas y padres que genera un vínculo diferente apenas comienzan los preparativos del viaje. Por eso, la experiencia no sólo son los 15 días. Es el antes, el durante y el después en que toda la familia disfruta del viaje. Es una experiencia que enriquece a las chicas enormemente. Las vemos relacionarse con nuevas amigas, divertirse, compartir cada momento de una manera tan intensa y con tanta emoción que realmente cuesta explicarlo con palabras. Hoy también los padres tienen la posibilidad de “vivir” el viaje a través de nuestras redes sociales y disfrutar en tiempo real de la alegría de sus hijas. Los padres nos cuentan que cuando ven tanta felicidad en sus hijas, saben que la mejor decisión que pudieron haber tomado fue la de regalarles lo que ellas tanto desearon.

¡Me encantaría que me cuenten cómo lo vivieron ustedes!

Besos, Lily.