Un sueño más que compartido

Un sueño más que compartido

—¿Lily, estás muy ocupada? —era Romina, la recepcionista, por teléfono.
—Hola Romi, decime.
—Acá hay una nena que vino a averiguar para viajar.

Aha –Por día son muchas las chicas que al no poder venir a la reunión informativa, se acercan otro día con sus padres hasta la oficina, así que no entendía qué me quería decir Romi.
—Justo estoy con gente, ya le digo a una de las chicas que baje. Le contesté.
Romina bajó la voz, tuve que pegarme el teléfono a la oreja para poder escucharla.
—Es que son como quince —me dijo.
—¿Qué cosa son como quince? – respondí
—Los que vinieron a averiguar.
—Romi ¿estás bien vos?

Romi me hablaba como si ese mismo día hubiera empezado en la empresa, ya sabía lo que había que hacer cuando las familias venían a averiguar por el viaje. Y si era más de una familia, les tenía que decir que tomaran asiento y que esperaran a que bajara alguna de las vendedoras.
—Deciles que tomen asiento y que las chicas los van a ir atendiendo.
—No, es que los quince que vinieron son todos por la misma chica.
—¿Cómo por…? ¿Cómo se llama la chica?
—Soledad
Me acerqué a las chicas de la oficina.
—Chicas ¿alguna tiene una reunión con la familia de Soledad?
—Sí, yo —dijo Marisa —¿Qué hora es? Llegaron antes.
—Están abajo y parece que son muchos, fijate si está libre alguna de salas.

Al ratito Marisa apareció en mi oficina.
—Quieren verte a vos.
Bajé.

—Hola ¿Cómo están? —dije mientras intentaba adivinar quién era la chica que iba a viajar porque había dos o tres de alrededor de 15 años.
—Hola Lily, me dijo una señora —ella es Sol y venimos a averiguar para que festeje sus 15 con ustedes.
—Genial, hola Sol —dije —y se ve que se notó mi cara de desconcierto porque la señora enseguida agregó.
Ellos son los tíos, los abuelos y los primos. Nos vinimos todos de General Las Heras.

—Hola —dijeron todos juntos.
—Ah, que bien, se vinieron todos, cómo deben querer a esa chica —y sonreí, pasen.

No es que me molestara que vinieran todos, en FunTime si hay algo que nos encanta, es recibir gente, pero estaba entre confundida e intrigada y no quería preguntar para que no se sintieran incómodos.

—Me dijo Marisa que querían hablar conmigo.
—Perdón Lily, Marisa nos está atendiendo muy bien —dijo y soltó una risita —pero si no te molesta, y si podés, claro, nos gustaría que nos lo contaras vos. Quisimos venir a una reunión informativa, pero ese día nos fue imposible coincidir todos. Bueno hoy no estamos todos tampoco, pero sí la mayoría.
—Bueno, dos horas como dura la reunión no creo que podamos —dije y sonreí —pero podemos charlar un ratito y después, si les parece bien, Marisa les termina de contar.
—Sí, perfecto, dijo la mamá —es que nos pareció una buena idea venir todos, porque este viaje va a ser un regalo compartido. Sol es la primera de la familia en cumplir 15 y estamos todos muy emocionados y ellos no solo quieren poner la plata, quieren poder acompañarla en todo lo que tenga que ver con su sueño.

Yo me quedé mirándolos, no podía creer lo que me estaban diciendo, sentí ganas de abrazarlos. Muchas de las chicas viajan gracias a la lista de 15 en la que todos los que quieren pueden participar y formar parte del sueño de las chicas. Pero eso que estaba haciendo esa familia me conmovió. En otros de mis textos, les hablé de la grandeza de los padres al dejar que las chicas puedan festejar sus 15 como ellas lo sueñan y no como quizás a ellos les hubiera gustado. Hoy tuve ganas de agradecerles el compromiso y el amor de todos los que deciden hacer su aporte tanto económico como desde el corazón para que las chicas puedan vivir esta experiencia que, sin dudas, es única para ellas y para todos los que las acompañan.

Lluvia de sueños

Lluvia de sueños

Caminaba por una calle que no conocía, un fuerte viento hacía volar hojas y sombreros por el aire. La lluvia era cada vez más fuerte, así que me paré debajo de un toldo. De pronto, una ráfaga de viento hizo desaparecer el toldo y la lluvia se convirtió en baldazos de agua que me caían con fuerza. Abrí los ojos. Estaba soñando, en la cómoda cama del crucero, pero el ruido de mi sueño continuaba. Me levanté y miré por la ventana: Llovía.
El barco se movía un poco, eran cerca de las 6 de la mañana así que me vestí y fui a recorrer las habitaciones para ver que todas las chicas estuvieran durmiendo. No volaba una mosca.
Cuando las chicas bajaron a desayunar, no estaban con las pilas de siempre, seguramente desilusionadas por el frustrado día de playa en Las Bahamas. Había un ruido monótono de charlas con voces medio desganadas.
Uno de los coordinadores se paró arriba de una mesa y gritó:
—¿Alguna vez jugaron a la guerra de canciones arriba de un crucero 5 estrellas?
Se escuchó un “nooo” lejano.
—No las escucho —dijo el coordinador —las desafío, todas contra mí. Si ganan eligen una prueba para que yo haga, pero si gano yo, ustedes cambian esas caras.
—Yo también juego —dijo otro de los coordinadores —Pero si gano tengo un desafío más difícil, después de todo lo que se van a divertir, las reto a que puedan quedarse con la cara que tienen ahora.
Se escucharon varias risas.
—¡Participo! gritó una de las supervisoras —pero agrego una regla, las canciones tienen que tener que ver con la lluvia.
El coordinador que estaba parado arriba de la silla empezó: “I’m singing in the rain, I’m singing in the rain” ¡Con N!
No culpes a la noche” —empezó a cantar una de las chicas y todas las siguieron mientras hacían la coreografía — “no culpes a la playa, no culpes a la lluvia” ¡Con A!
—Yo —gritó la supervisora — “al este y al oeste llueve lloverá…”
Nos fuimos sumando todos, el resto de los coordinadores y supervisores y hasta algún que otro mozo desafinado. Las chicas no podían más de la risa. La onda que se generó en el barco fue alucinante.
Después llegó Mariano Botindari, uno de los coaches —¿Quién de ustedes se anima a bailar y a copiar todos los pasos que voy a hacer sin caerse con el movimiento del barco?
Los asientos quedaron todos vacíos y empezó la música.
Obviamente, siempre tenemos planificados los días de lluvia, pero esa mañana la improvisación de todo el equipo hizo que las chicas se dieran cuenta de que no hay manera de pasarla mal, llueva, truene o haya un sol radiante. Cambiarles el humor desde el principio, hizo que el día fuera increíble hasta el final.
Mientras tanto, el equipo en Buenos Aires, se ocupaba de los padres. Lo primero fue subir una pieza a Facebook para que las familias supieran que aunque el clima no ayudaba y las chicas no iban a poder ir a la playa, estaban todas bien y pasándola genial arriba del crucero. Después, había que responder los mails y los llamados de los padres que preocupados, y sin señal para comunicarse con sus hijas, querían asegurarse de que todo estuviera bien. Siempre nos mantenemos en permanente contacto, pero sabemos que hay ocasiones, como puede ser una tormenta en el crucero, que amerita toda nuestra dedicación, porque entendemos perfectamente el momento que están viviendo tanto los padres como las chicas.
Hoy, tuve ganas de hablarles del gran equipo de trabajo que tenemos en FunTime. Los que viajan con nosotros, los que se quedan, todos con el único objetivo de hacer que la experiencia de las chicas y sus familias, sea la mejor de sus vidas.
Las fiestas son un lindo momento para valorar, para agradecer y para rodearse de gente querida.
Les deseo que así como lo vivimos en la familia FunTime, la suya siempre esté unida para darse felicidad.
¡Que tengan un 2017 hermoso, lleno de proyectos y una lluvia de sueños  por cumplir!
¡Los quiero mucho!
Lily
Alegría que contagia

Alegría que contagia

Estábamos por hacer el check in con las chicas, cuando se me acerca una señora.

—Disculpe, me dicen que es con usted con quien tengo que hablar.

Lo primero que pensé, fue que tenía una hija o una sobrina, y ya estaba por decirle que me dejara su teléfono y que las chicas de la oficina la iban a llamar.

—¿Todas estas chicas van a viajar en el avión? —me preguntó.
—Sí, estamos yendo a Miami, para…
—Tiene que ser un chiste, le tengo miedo a los aviones, lo único que quiero hacer es dormir todo el viaje y va a ser imposible pegar un ojo.

Yo miré a las chicas que en ese momento no hacían otra cosa que charlar tranquilas y preocuparse por tener sus documentos consigo, tal como les había dicho yo unas dos mil quinientas veces. Menos mal que la señora no las había visto en Disney cantando, gritando, bailando, pensé

Yo entendía a la señora. Muchas veces las caras de las personas cuando ven semejante cantidad de chicas pasan primero por asombro y sonrisas hasta transformarse en preocupación. Pero habiendo viajado con ellas durante tantos años, sabía que todo estaba bajo control.

La señora seguía:

—Usted no entiende, tengo el casamiento de mi hija en Miami, salvo situaciones como esas, yo no viajo en avión. Y lo peor de todo es que con tantos nervios y emoción, me olvidé las pastillas para dormir arriba de la mesa. Ya le avisé a la compañía que si me ven durmiendo, no me despierten para comer y pedí el asiento del lado de la ventanilla para que mi compañero no me despierte cuando quiera pasar para ir al baño. Pero resulta que me toca volar con doscientas chicas que no van a parar de gritar en todo el viaje y…
—Quédese tranquila —la interrumpí —Nadie puede viajar con doscientas personas gritando y eso no va a pasar. ¿Ve esos chicos y chicas que están con ellas? Son los coordinadores, esa señora, supervisora de coordinación y estoy yo. Las chicas no viajan solas.
—Todo muy lindo, pero no me imagino cómo van a hacer para que no me despierten y este va a ser el peor viaje de mi vida – me dijo la señora y se fue otra vez a su lugar en la fila, que otra pasajera le estaba cuidando.

Subimos todos al avión, pasé por los asientos de las chicas para ver si alguna necesitaba algo y vi a la señora sentada con los ojos cerrados, agarrada de los apoyabrazos con tanta intensidad como si no los fuera a soltar nunca más, y diciendo algo en voz baja, que supongo sería algún rezo.

Horas después, el avión aterrizó, se escucharon aplausos, gritos y todos empezamos a prepararnos para bajar.

Yo estaba agarrando mi valija de mano, cuando me tocaron el hombro. Era la señora.

—¿Y? ¿qué tal? ¿Pudo dormir? —Le pregunté.
—No dormí nada. Sin mis pastillas es imposible, pero estuve todo el viaje escuchando las charlas de las chicas. Hablaban de sus vestidos, de Disney, de las fiestas. Me acordé mucho de mi hija a esas edad, sus 15 y pensar que ahora voy a su casamiento. No le voy a decir que no tuve miedo, pero la verdad, creo que fue mi mejor viaje. No hice otra cosa que pensar en cosas lindas, las chicas me transmitieron toda su alegría.

Hace apenas unas horas, el último de los vuelos aterrizó en Miami. Estamos todos más que listos y con todas las energías para vivir este sueño con todo!  Es inmensa la felicidad que siento de compartir con las chicas, y con todas sus familias, esta increíble experiencia llena de expectativas, de emociones y de esa hermosa alegría de las chicas que contagia!

¡Seguimos en contacto!

Besos, Lily

Dejarlas volar

Dejarlas volar

Un día, después de una reunión informativa, se me acercó un papá:

—Mi hija y mi mujer ya vinieron a la reunión y están convencidas de que lo que quieren es que Belu festeje sus 15 con FunTime.
—Buenísimo —le dije
—Ellas no saben que yo vine y no quiero que sepan porque no me gustaría desilusionar a Belu. Pero yo no estoy tan convencido.
Le pedí al papá que me siguiera, subimos las escaleras y nos sentamos en mi oficina. —Contame ¿qué es lo que te hace dudar?
—Tener a mi hija a tantos kilómetros de distancia, y no es que no confíe en ustedes, pero me cuesta pensar en que esté tan lejos de nosotros.

Yo entendía perfectamente lo que le pasaba a este papá, a mí misma como madre seguramente también me pasaría. Pero también sabía que si el papá había venido hasta acá a escuchar la reunión y a charlar conmigo era porque dentro suyo también quería cumplirle el sueño a su hija.

—¿Viste todos los padres que había hoy en la reunión? —le pregunté – multiplicá eso por miles y miles de padres que son los que anotaron a las chicas durante todos estos años ¿Pensás que a todos ellos no les pasaba lo mismo que a vos? Lo que sentís es lo más normal.

El papá me miraba y esbozaba una pequeña sonrisa.

—Ahora cuando bajemos —seguí —te voy a pedir un favor. Hablá con otros padres, preguntales que sienten ellos y vas a ver que lo que te digo es así. Obviamente la decisión es de ustedes y es más que respetable, pero te pido algo más, entrá a Facebook y leé los comentarios de los papás de las chicas que ya viajaron y te vas a dar cuenta de que todo ese miedo se va cuando ven la cara de felicidad de las chicas. Y cuando vuelven y las escuchan decir ¨gracias¨ no hay palabras para explicarte lo que sienten.

Obviamente Belu viajó, y después el papá me escribió un mail hermoso contándome lo feliz que estaba de haber dejado de lado sus miedos y sus deseos de estar con ella, para cumplirle el sueño.
El viernes vivimos una fiesta impresionante con las chicas que van a viajar en el 2016, 2017, 2018 y 2019. Y mientras miraba sus caras, llenas de felicidad, de pasión, había algo en lo que no podía dejar de pensar: Los padres FunTime son increíbles. Porque ser padres FunTime es mucho más que anotar a sus hijas en el viaje. Los padres FunTime son aquellos que, quizás dejando de lado sus ganas de festejar los 15 con sus hijas, escuchan y aceptan el deseo de ellas. Son aquellos que viajan kilómetros y kilómetros para venir a la reunión informativa y aquellos que las traen a una fiesta, se quedan afuera esperándolas durante horas y se llenan de felicidad al escuchar los gritos de alegría de las chicas mientras escuchan a sus artistas favoritos. Son aquellos que duermen con el celular prendido durante 15 días por si a las tres de la mañana sus hijas necesitan contarles algo. Y los que se la pasan en Facebook para vivir el minuto a minuto del viaje. Son aquellos padres increíbles que finalmente hacen sus miedos a un lado para dejarlas  volar.
Besos, Lily.
¡Arriba!

¡Arriba!

Nos levantamos con todas las pilas, como cada mañana y fuimos a desayunar. Ese día nos tocaba Busch Gardens, un parque con las mejores montañas rusas, así que las chicas estaban llenas de energía y super excitadas. Bueno, no todas. Porque desde la otra punta, caminando despacio, casi arrastrando los pies, se me acercó Lara y me dijo:

—Yo no voy a ningún parque, me quedo acá.

Le pregunté qué le pasaba y le recordé que íbamos a Busch Gardens, ese parque increíble que todas tanto esperan, en el que…

Lara ni me dejó terminar —No me importa, no voy, me siento mal.

Después de 26 años, puedo tomarme el atrevimiento de decir que sé lo que les pasa a las chicas con sólo mirarlas. Con ese mal humor, lo único que tenía Lara era sueño.

—Bueno, si te sentís mal, llamamos al médico —le dije.
—Ok, llamalo.

Así que todo el grupo se fue a Busch Gardens mientras Lara, Guido y yo nos quedamos esperando al médico.

—Igual, aunque el médico diga que no tengo nada, si no quiero ir no voy —me dijo —ya tengo 15 años y puedo decidir.

El mal humor de Lara me hacía acordar cuando yo era chica y tenía que levantarme temprano para ir a la escuela. La entendía perfectamente, pero obviamente Busch Gardens no era la escuela, así que yo no podía permitir que se lo perdiera. Ya había una chica que se iba a quedar en el hotel con una de las coordinadoras porque estaba con unas líneas de fiebre, así que era fácil dejarla a ella también y listo. Pero ese no era el caso. Aunque en ese momento Lara no pudiera verlo de ese modo, yo sabía que si ella se quedaba, después de dormir un rato, y ya sin sueño, se iba a enojar con ella misma por no estar pasándola increíble con todas sus amigas.

— Justamente porque tenés 15 años, nosotros vamos a decidir lo mejor para vos. Si el médico dice que te tenés que quedar, nos quedamos. Pero si dice que estás bien, nos subimos los tres al micro que nos está esperando afuera y te vas a pasar un día increíble arriba de las montañas rusas.

Vino el médico revisó a Lara, nos dijo que estaba perfecta de salud y nos subimos los tres al micro.
El viaje duró una hora y media. Lara se sentó con los brazos cruzados, mirando por la ventana y, por supuesto, sin dirigirme la palabra. Después, se quedó dormida.
Antes de bajar le dije:

—Cuando volvamos al hotel quiero que vengas y me digas cómo la pasaste.

Vivimos un día espectacular y obviamente la vi a Lara arriba de cada montaña rusa feliz con todas sus amigas.

Cuando llegamos al hotel, las chicas se fueron a sus habitaciones a bañarse y a descansar. Yo estaba en uno de los pasillos conversando con los coordinadores cuando de pronto sentí algo de atrás que se abrojó a mi cintura y me dijo: “Gracias, gracias, gracias…”

Así como ocurre en casa, durante los 15 días de viaje hay decisiones que las chicas pueden tomar y otras que las tomamos los adultos, porque sabemos lo que es mejor para ellas. Y eso es lo que deja a las familias tranquilas, saber que hay un grupo de profesionales acompañando a cada una de las chicas para que su experiencia sea la mejor. A veces hay situaciones que tienen que ver con su seguridad, otras con el entretenimiento o con las relaciones de amigas. Pero en todos los casos, tratamos de ponernos en el lugar de los padres y hacer que las chicas estén, ante todo, bien cuidadas y contentas. Aunque para eso, en ocasiones, tengamos que contradecirlas. Porque lo más importante para nosotros es ver esas sonrisas que tan felices nos hacen a todos.

 

¡Feliz Día de la Madre!

¡Feliz Día de la Madre!

Remeras, camisas, polleras, pantalones, shorts, pantaloncitos, remeritas y shortcitos. La valija estaba lista para ir a Ezeiza y acompañar a las chicas a cumplir su sueño. Y mis dos hijos, de 8 y 4 años, también. FunTime nació cuando Ezi y Guido eran chicos, después vino Mati, mi tercer hijo. Así que, durante los primeros años, a veces juntos, otras por turnos, ellos viajaban conmigo. Porque, así como lo hago hoy, yo viajaba durante 15 días, tres veces por año. Era difícil pensar en estar todo ese tiempo lejos de los chicos y para ellos venir era lo mejor: Disney y varios tíos postizos que los malcriaban. Después, cuando fueron creciendo, cada uno empezó con sus cosas y yo empecé a viajar sola. Los seguía extrañando, claro. Pero el hecho de que ya fueran más grandes y recibir todo el cariño de las chicas, lo hacían todo mucho más fácil. Y lo sigue haciendo, porque durante 15 días, yo tomo a sus hijas un poquito prestadas y las cuido, las aconsejo y las mimo como si fueran propias.

Mis hijos crecieron con FunTime y hoy tengo la suerte de compartir mi trabajo con uno de ellos, Guido, el Productor General, con el que sigo viajando. Las mamás sabemos que no siempre es fácil trabajar, sea fuera o dentro de casa y poder estar todo el tiempo que nos gustaría con nuestros hijos. Pero siempre terminamos haciendo esos malabares que parecen imposibles y estirando el tiempo mágicamente para poder hacerlo y disfrutarlos.

Quiero desearles a todas las madres que tengan un día hermoso, lleno de besos y abrazos, y que siempre sigan encontrando esos momentos de felicidad para estar con sus hijos. ¡Porque solo nosotras sabemos que para entender lo que se siente ser mamá hay que vivirlo!
¡Besos para todas!
 Lily.
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El deseo de las chicas

El deseo de las chicas

Maquillajes, peinados, vestidos, zapatos, nervios y por sobre todo mucha alegría y emoción. Estábamos todas entusiasmadísimas preparándonos para la fiesta de 15 en el Hilton, cuando escuché “Lilyyyy”.  Un “Lilyyy” que, a diferencia de los cientos que había escuchado en el día, este provenía de alguien mayor de 15 años.

Era Andrea, una de las supervisoras, que caminaba junto a Lucila, una de las chicas que no paraba de llorar.

—¿Qué pasó? —pregunté.
—Esto me pasó, mirá —me contestó Lucila mientras me mostraba el vestido.

Lo recorrí con la mirada. De arriba a abajo, de izquierda a derecha, intentando encontrar alguna mancha o un agujero, incluso le pedí a Lucila que diera una vuelta, pero nada. El vestido, intacto.

—¿Una de las chicas tiene uno igual? ¿es eso? ¿te lo copiaron? —le pregunté
—no te preocupes, cada una lo luce de una manera diferentes, además…                                     —¿A vos te parece que alguien puede tener un vestido igual a este? —gritó Lucila —¡es horrible!
—¿Pero por qué lo trajiste si no te gusta?
—Mi mamá quiere que me lo ponga, me dijo que era su sueño verme con este vestido, pero es un asco, pareciera que me vestí para la fiesta de disfraces.

Andrea me miraba y movía los labios: “A mí me encanta“. Y a mí también me encantaba, pero a Lucila no, así que había que resolver el tema, porque ninguna de las chicas puede vivir triste su fiesta de 15 y menos por un vestido.

—Vamos a hacer una cosa – le dije —¿vos trajiste otro vestido?
—Me compré uno re lindo en el shopping.
—Bueno, perfecto, vení conmigo.

Fui con Lucila dónde estaban los fotógrafos.

—Joni, vení necesito que me hagas un favor, sacale diez, quince fotos a Lucila y subilas a Facebook para que las vea su mamá.
—Y vos Lu, tratá de hacer un esfuerzo y poné tu mejor cara de alegría. Hacé de cuenta que estamos en la fiesta de disfraces y que te vas a ganar el premio al mejor disfraz.

Lucila sonrió.

—¿Ves? así, esa carita quiero. Después andá a la habitación, ponete ese vestido divino que te compraste y disfrutá de tu noche con todas tus amigas.

Lucila se fue con Joni. Andrea y yo caminamos juntas hacia el salón para ver los últimos detalles.

—¿Y le vamos a mentir a la mamá? —Me preguntó Andrea, medio horrorizada.
—No le vamos a mentir, a la vuelta le vamos a contar todo. Pero yo estoy segura de que va a estar mucho más contenta cuando sepa que ayudamos a su hija para que pase su fiesta feliz, en vez de que si la obligamos a dejarse ese vestido y se pasa toda la noche llorando.

Me fui a ver cómo andaban las chicas con sus preparativos, y me quedé con una sensación linda. No la pude racionalizar enseguida. Como cuando uno siente algo y no sabe bien por qué. Pero más tarde, durante la fiesta viendo la energía y la emoción de las chicas, pude ponerlo en palabras y se lo comenté a Andrea:
“Es increíble lo que los padres hacen por sus hijas, al priorizar lo que ellas realmente quieren para sus 15 y no lo que ellos quizás soñaron.”
Todos en FunTime coincidimos en que hay algo que hace que esta experiencia sea única: el viaje está pensado, diseñado y coordinado sólo y exclusivamente para las chicas. Pero para que esto sea posible tenemos que escucharlas en todo momento. Sus gustos, sus temores, sus vivencias, sus alegrías fueron cambiando durante los 26 años que venimos haciendo FunTime. Estar siempre atentos nos enriquece. Antes era frecuente escuchar a las chicas decir que la fiesta era más un deseo de los padres que de ellas. No les interesaba festejar sus 15 con la comida que elegían pensando en los invitados, ni sacarse fotos en cada una de las veinticinco mesas con gente que ni conocían, ni pasarse veinte minutos bailando el vals con un desfile de parientes y amigos de los padres. Hoy las chicas de 15 son más maduras y desean ser escuchadas. Por eso veo que la elección de festejar con FunTime es una decisión consensuada entre chicas y padres que genera un vínculo diferente apenas comienzan los preparativos del viaje. Por eso, la experiencia no sólo son los 15 días. Es el antes, el durante y el después en que toda la familia disfruta del viaje. Es una experiencia que enriquece a las chicas enormemente. Las vemos relacionarse con nuevas amigas, divertirse, compartir cada momento de una manera tan intensa y con tanta emoción que realmente cuesta explicarlo con palabras. Hoy también los padres tienen la posibilidad de “vivir” el viaje a través de nuestras redes sociales y disfrutar en tiempo real de la alegría de sus hijas. Los padres nos cuentan que cuando ven tanta felicidad en sus hijas, saben que la mejor decisión que pudieron haber tomado fue la de regalarles lo que ellas tanto desearon.

¡Me encantaría que me cuenten cómo lo vivieron ustedes!

Besos, Lily.